Límites

A menudo se confunde una escuela activa o escuela libre con un sitio donde no hay ningún tipo de límites y los niños/as pueden “campar a sus anchas”. Efectivamente aquí los niños/as pueden jugar a los que más les interesa según sus edades, gustos y necesidades, pero dentro de unos límites que tenemos que respetar todos y con unas rutinas que les van ayudando a sentirse seguros y autónomos.

En Casa Escuela Caracoles hay pocos límites y están muy claros:

 

Para los niños:

 

  • Todos los materiales y ambientes están para ser utilizados de la forma que cada niño/a desee o necesite. La única condición es: no romper ni estropear las cosas; y al acabar, dejarlo todo recogido.

     

  • Mientras otros niños/as están trabajando o jugando, no podemos molestarles.

     

  • Un material que está siendo utilizado de modo individual deberá solicitarse a quien lo usa, sólo en ese caso lo cogeremos.

     

  • Cada espacio tiene su función para ello hay que respetar su uso con nuestro comportamiento.

     

  • Todas las emociones son válidas, también el enfado, la rabia, la tristeza. Pero, aquí, no todas las formas de expresarlos son aceptables. No podemos pegar ni agredir a otros niños/as.

     

  • Respetamos los seres vivos y su entorno porque somos considerados/as y sabemos que no nos pertenecen ni son juguetes, además aprendemos mucho de ellos.

     

  • El momento de la comida es idóneo para fomentar la autonomía de los niños/as, por ello la comida se colocará en armarios a la altura de los niños/as y vendrá preparada para su uso en termos o fiambreras para que puedan disponer libremente de ella. El lugar que utilizamos para comer es siempre la cocina o el jardín.

     

 

Para los adultos:

 

Los niños/as aprenden en función de sus intereses y necesidades. Los adultos no podemos dirigirles, ni anticiparnos. Ni siquiera de formas amables o sutiles.

Más importante que lo que se aprende en sí, es cómo se aprende. Los niños/as necesitan “descubrir” las cosas por sí mismos. Los adultos nunca diremos “esto se hace de esta manera”, sino en todo caso –y siempre a partir de la iniciativa del niño- “yo esto lo hago de esta manera” donde está implícito que puede haber otras maneras igual de válidas.

El trabajo y el juego son sagrados. No los interrumpimos.

 

  • Los niños/as saben qué pueden y qué no pueden hacer físicamente y si por su experiencia anterior no lo saben, necesitan descubrirlo. No impedimos actividades físicas espontáneas de los niños/as “para que no se hagan daño”.

     

  • Los conflictos son dolorosos para todas las partes implicadas, y debemos manejarlos con toda la delicadeza que requieren, para no herir a nadie. Si un niño/a intenta agredir a otro, lo impedimos físicamente, pero no le hacemos sentirse peor de lo que ya se siente, sino que le acompañamos, y le aceptamos, en un proceso muy largo en el cual, muy poco a poco, el propio niño/a aprenderá a explicarse –y si quiere, explicar- lo que le pasa. Los conflictos nos ayudan a conocernos, relacionarnos, negociar y aprender juntos/as, así es que antes de nada es importante que nos permitáis y facilitéis nuestra autonomía para canalizarlos.

     

  • Las ideas y propuestas siempre serán escuchadas y tenidas en cuenta aunque alguna vez no se puedan realizar en el preciso momento.
  • La comunicación, la atención, el respeto y los límites nos hacen más libres, autónomos/as y responsables.

     

 

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